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Nueva legislación de la UE sobre semillas: amenaza para las variedades locales, favorable para patentes y tecnologías de control

Una nueva revisión de la legislación de la UE relativa a la comercialización de semillas, que se espera que se aplique en breve, parece ser una amenaza real para la preservación y difusión de las variedades locales, conduciendo hasta a su prohibición. En cambio, las disposiciones propuestas favorecen las grandes empresas de semillas, a través de la extensión de los derechos de propiedad intelectual y la promoción de nuevas tecnologías para el control de todas las variedades vegetales comerciales.

¿Conservación de la diversidad?  No exactamente…

Sin que haya sido públicamente conocido, la Comisión Europea ha comenzado a revisar la legislación de la UE relativa con el comercio de semillas desde 2008. Hasta hace unos años, la comercialización de semillas de variedades no registradas (tradicionales, locales, y producidas por los mismos agricultores) en la mayoría de los países no estaban sometida a un control eficaz, ya que representaban una parte relativamente pequeña del mercado y  se comerciaban sin fines comerciales competitivos. En junio de 2008, la Comisión Europea propuso una directiva sobre la conservación de ciertas variedades, concluyendo en una serie de directivas, las cuales se aplican de manera diferente en cada país de la UE. Su función es regular el movimiento de las razas comerciales animales, las variedades de plantas adaptadas a las condiciones locales, así como de las que están en riesgo de extinción. Los estados miembros de la UE se verán obligados en breve, posiblemente en el 2010, a incorporar las directivas relativas a su derecho nacional.

Sin embargo, a pesar del título “para la preservación de la diversidad”, estas directivas que aún no son compatibles con su finalidad, es decir, de parar  la pérdida de la biodiversidad agrícola y de simplificar la legislación relativa. Como se ha señalado, aunque permitieron la entrada de variedades locales en las listas oficiales, a la vez se han creado demasiados obstáculos burocráticos. Tres condiciones son consideradas particularmente irracionales, y se estima que en gran escala  tienen el peligro de la prohibición de las variedades no registradas: la necesidad de demostrar la importancia de esta diversidad, la limitación y la distribución de las semillas locales sólo en sus zonas de origen y la restricción cuantitativa del cultivo de las variedades con respecto a las variedades comerciales.

La presión del lobby de la industria de semillas

Un papel importante en la configuración de estas directrices parece haber jugado la industria de semillas, con una actividad empresarial ya internacional y con las diez mayores empresas de ella controlando el 67% del mercado. Entre ellas se encuentran empresas-colosos como Monsanto, Bayer y Syngenta, las cuales, aparte de la industria química y biotecnológica se han expandido rápidamente en el campo del comercio de semillas y desde hace tiempo están ejerciendo como lobby una intensa presión a la UE por la nueva legislación, exigiendo el fortalecimiento de los derechos de propiedad intelectual y su protección. Las empresas sostienen que en este momento están perdiendo el 40% de los mercados potenciales a causa de “reproducciones ilegales” como las llaman, así como por la producción de semillas de variedades no inscritas[1]. Los intereses de la industria de semillas están representados en todos los continentes por la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV), a través de políticas relativas a la Protección de las Obtenciones Vegetales (PVP).

Código de barras molecular para las plantas …

Hasta ahora, la ingeniería genética parecía servir a la industria como una solución ideal para asegurar los derechos de propiedad intelectual, puesto que las variedades  genéticamente modificadas pueden ser patentadas y detectadas en el campo a través de su código genético. Los agricultores que están comprometidos con contratos relativos pueden ser demandados por reproducción ilegal, en caso de que guarden y comercialicen las semillas transgénicas. La industria biotecnológica se ha negado a asumir la responsabilidad de cualquier contaminación de cultivos, e insiste en el establecimiento de límites cuantitativos que permiten la contaminación genética limitada de cultivos no transgénicos, sin que esto venga especificado en la etiqueta del producto.

Dada la creciente resistencia europea a los organismos genéticamente modificados, la industria ahora propone otras soluciones tecnológicas al respecto. En las negociaciones por las nuevas normativas legislativas que son relativas a la comercialización de semillas, están pretendiendo conseguir la posibilidad de identificación de las variedades, mediante una tecnología de secuenciación genética, conocida como Marcador Molecular. Esta tecnología – la cual  no es una modificación genética- permitirá a las empresas reconocer sus variedades en el campo y así evitar volver a sembrarlas el año siguiente. Sin embargo, se ignora el riesgo de que estas secuencias genéticas pudieran aparecer y detectarse en un campo vecino, a causa de un cruzamiento accidentalmente e inseminación de las plantas, generando los mismos problemas de propiedad, al igual que con los o.g.m.

 Producción y expolio

¿Cuáles serán las consecuencias si las compañías de semillas logran imponer su agenda? Organizaciones medioambientales y sociales ya han señalado la agresión autoritaria, en primer lugar contra las variedades locales – del último componente “libre”  de la producción agrícola- y la creación de una relación peligrosamente dependiente entre conciliación y control a través de patentes y nuevas tecnologías, incluso en las semillas convencionales.

Es decir que se trata de una flagrante eliminación de los derechos fundamentales del mantenimiento y de la propia producción de semillas y una enorme transferencia de valor de los agricultores a las empresas, las cuales están reclamando ya abiertamente los principales procesos agrícolas. Lo interesante es que incluso algunos analistas conservadores han comenzado a darse cuenta de que lo susodicho puede conducir a un descenso del desarrollo y de la investigación. Con una industria que, no pudiendo generar valor a través de la innovación, intenta  agarrar el último residuo del mercado y aumentar sus beneficios, y por consiguiente impidiendo cualquier progreso de la agricultura.

http://biotechwatch.gr

El texto en griego.


[1]

N.d.T. en el Registro de Variedades Aptas para Certificación, controlado por estas mismas empresas

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