Una reflexión autónoma sobre control social y represión en Latino América

Estas reflexiones surgen a partir de la respuesta de algunos colectivos e individualidades que acudieron al siguiente llamamiento en Chile:

“Solidarizar con los P.P. encarcelados desde hace décadas por el Estado Peruano, exigir su libertad, el cierre del penal militar de la base naval del Callao, el fin de la farsa de nuevos juicios y el fin del aislamiento y régimen de tortura que se aplica contra lxs compañerxs, denunciando la grave situación de salud en la ke se encuentra el P.P. Abimael Guzmán y la negativa del Estado Peruano de otorgarle un tratamiento médico adecuado”

Diversos grupos de izquierda solidarizan con Abimael Guzmán considerándolo un P.P. más en el Perú. Entonces, podemos notar que la ignorancia que existe con respecto a la realidad de la historia de dicho territorio está consiguiendo resultados, sobretodo en mentes que normalizan la obediencia. Quienes entienden de lo ke se trató este holocausto aborigen/campesino ocurrido en la década del 80 y lo justifican con ideas antropocéntricas y eurocentristas, totalmente ajenas a las reivindicaciones de los pueblos originarios, también utilizan como manto las acciones que el poder emprendió contra el PCP para (de cierta forma) liberar a Abimael Guzmán de la responsabilidad que tiene en la deconstrucción política que impuso utilizando el proceso de autonomía que vivían indígenas y campesinxs, para lograr fines disfrazados con discursos de libertad.

Ahondando en la historia del sistema penitenciario Peruano.

Antecedentes.

En el período Incaico existió un derecho que se transmitía vía oral por generaciones. Existieron castigos como la pena de muerte, prisión preventiva, encarcelamiento, tormentos y la flagelación, prácticas justificadas por la necesidad de mantener el sistema que había implantado en un vasto territorio de dominación donde las normas penales  representaban las máximas morales.

En la época colonial no cambió mucho en cuanto a la crueldad de los castigos, sin embargo, en el período incaico, la aplicación de una pena conlleva la sanción de un delito cometido sin importar la diferenciación social, no así en el período colonial, donde el/la aborigen resultó siempre perjudicado por naturaleza de raza, las torturas a la que eran sometidxs rebasaban toda imaginación posible. Se conocieron prisiones destinadas a los nobles, otra eclesiástica y la común, ésta ultima constituida por indígenas. En ésta época el sistema penitenciario trajo resultados reflejados en la ignorancia y la barbarie.

Desde 1820 (aprox.) hubo un avance organizacional penitenciario que incluyó la diferenciación por edad, género y “tipos de indígenas” (primitivos de la Amazonía y semicivilizados). Se consideró la corrupción de alcaides para asegurar el pago por “derecho a cárcel”.

El actual sistema penitenciario es rectorado desde 1985 por el Instituto Nacional Penitenciario (INPE) que es un organismo público descentralizado del sector justicia, el cual tiene como órganos desconcentrados 66 establecimientos penitenciarios a nivel nacional. Sus funciones se disgregan en 3 áreas: administración, tratamiento y seguridad.
Hoy, la sobrepoblación de las cárceles Peruanas es de 132%. El penal Jaén es el segundo más hacinado del país con un de poco más del 500%.

Más de 1.800 extranjerxs están presxs en cárceles Peruanas. La mayor cantidad de reos son de Colombia, México y España, que fueron detenidos, en su mayoría por tráfico de drogas y estupefacientes.

Como posibles soluciones se propone la construcción de más cárceles pero muy alejadas de las ciudades para evitar la delincuencia intracarcelaria, reducir la sobrepoblación con medidas alternativas a la privación de libertad como el uso de grilletes electrónicos y reducir las detenciones preventivas masivas.

Los penales peruanos albergan a más de 4.660 mujeres y 185 menores que viven con sus madres presas hasta cumplir los 3 años, donde pueden salir con un familiar o a un internado. Los hombres tienen más posibilidades de trabajo que las mujeres y los escasos trabajos a las que ellas pueden optar están relacionados a roles tradicionales de género (tejido, bordado, chocolatería y cocina) y para madres las posibilidades disminuyen. Las cárceles mixtas no tienen las condiciones ya que fueron creadas para hombres.

En la mayoría de los penales para mujeres no hay atención especializada para mujeres y el tratamiento de salud mental no existe, tampoco hay guardería ni pediatras.

El 46% de las mujeres presas no tiene sentencia definitiva, para ser trasladadas a hospitales son engrilletadas aunque estén embarazadas o muy enfermas.  A diferencia de los hombres, las mujeres deben realizar trámites y adjuntar una serie de documentos para conseguir el beneficio de visita íntima, cuya aceptación está siempre a criterio del personal penitenciario.
Los gritos, insultos y apodos se dan en presencia de niñxs y familiares. Hombres, mujeres y sobretodo adolescentes son violadxs por otrxs reos y funcionarios.

Hasta el 2015, las cárceles peruanas soportaban 300 p.p. a lxs cuales se le niegan derechos fundamentales y todos los beneficios penitenciarios. Amuchxs se les ha negado la libertad, aún habiendo cumplido su condena.

A lxs liberadxs se les impide trabajar, se les persigue y hostiliza, agravando la persecución con nuevas leyes como la “muerte civil” a quienes no hayan pagado sus reparticiones civiles, que son impagables por exorbitantes, negándoseles el derecho a la organización y participación política.

La realidad carcelaria en Perú es un tema importante en el cual debemos comenzar a reflexionar y debatir, pues, las experiencias europeas son consideradas por sobre las de territorios vecinos, tal cual lo exige la hegemonía cultural del dominio.

Quienes solidarizan con lxs presxs del PCP, especialmente con Abimael Guzmán, asumen la barbarie ejercida como producto de errores metodológicos, o casi responsabilidad única del estado Peruano, sin embargo, los mismos PCP que son marxistas leninistas maoístas creen que es necesario un gobierno autoritario para solucionar los problemas del país.

Solidarizar con la prisión política de manera indiscriminada, normaliza prácticas como las ke ejerció el PCP (por dar un ejemplo) y “hacer vista gorda” nos convierte en cómplices.

La equidad debe ser ejercida de manera autónoma desde la praxis.

Las cárceles existen para perpetuar la esclavitud.

Contra todas las cárceles, incluyendo las mentales.

Anónimxs
Marzo
2017