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Patriotismo global, un “drama lírico” tras el 12 de febrero 2012

En muchos eventos y protestas mundiales relacionados con los últimos acontecimientos en Grecia, muchísimxs solidarixs han usado la, así llamada, consigna popular, y populista: «Somos todxs griegxs». ¿Cuál es el razonamiento que esta consigna expresa y qué impacto tiene, directa o indirectamente, en las personas que participan en las luchas sin líderes en Grecia?

Probablemente, haya gente que sienta algún tipo de compasión por lxs «sufridorxs griegxs» o, incluso, pavor por la que se les avecina en un futuro cercano. Están (des)informadxs, sobre todo a través de las lentes de los medios de masas y las redes sociales, del hecho angustioso de que Grecia está plagada de «injustas y antidemocráticas» medidas de austeridad y recortes salvajes, y esto es todo lo que hay sobre el asunto… Quizá haya sido cosa del marketing político o del patriotismo “consignista” el hecho de que se reintrodujera en la escena política global una de las frases más patrióticas del inglés (atribuida a P.B. Shelley, en su «Hellas, un drama lírico» de 1821). De cualquier manera, la frase se recordó extensa y públicamente en las redes sociales y, posteriormente, en las calles. Así que ahora la propaganda de masas relacionada sigue aumentando, muchas veces, acompañada de símbolos como banderas nacionales, esculturas de la Antigua Grecia, etc. Varios grupos (desde la extrema derecha hasta los reformistas ο los patriotas de la izquierda) siguen promoviendo la «solidaridad» con el pueblo griego, identificándola con una cualidad nacional, una cualidad de la ciudadanía, incluso con raíces específicas. Desde luego, la consigna reivindica unas visiones pro nacionalistas, y no solo termina atrapando a quienes adoptan la mierda esa del «todxs griegxs» como la proyección de la unidad nacional, sino que magnifica la propaganda de los medios del Estado, que difama y persigue a cualquier sujeto político radical, activx en las diversas luchas sociales, tanto en el territorio controlado por el Estado griego como más allá.

En vez de reventar el compartimento hermético en el que el sistema capitalista nos tiene confinadxs hasta ahora, en vez de aportar a la causa revolucionaria elementos más allá de una lucha separada, esta falacia de “todxs una nación” atrapa a sus inocentes seguidorxs en movimientos reaccionarios, fácilmente controlables e integrables por parte del sistema. Por eso, las fuerzas neoliberales y de ultra derecha han agradecido esta ola de apoyo como “optimista”, mientras los neonazis refuerzan, casi sin que se les moleste, su campaña electoral de odio racista en Grecia, llegando, así, a todxs lxs griegxs…

En esta parte del mundo, al igual que en muchas otras, el Estado y la patronal atacan con fiereza a lxs oprimidxs. Las élites financieras y empresariales dirigen ataques sin piedad contra los sectores más vulnerables de la sociedad, eliminando, del sistema burgués, sus pretensiones «democráticas», que mantenidas hasta ahora por puras razones «tácticas» para acallar, sofocar o apaciguar cualquier posible contraataque. La gente, en el exterior, ve cada vez más manifestantes saliendo a la calle en la ciudades griegas, donde algunxs se niegan a manifestarse en calma sino, más bien, atacar directamente a las estructuras que convierten nuestras vidas en mera supervivencia.

Siempre que el apoyo a otrxs, que están combatiendo y luchando, se base en un grito abstracto llamado nacionalidad, este modelo patriótico ayuda al Estado y sus jefes supranacionales a sofocar las luchas sociales intensificadas; les ayuda a alcanzar o asegurar lo que ansiamos destruir: la paz social. Además, ofrece a grupos muy heterogéneos el “tejado” de la unidad nacional. Nada aúna con más eficiencia que la unidad nacional: un gran ideal que une a la gente, frente a un inexistente enemigo o peligro interno o externo. Todas las autoridades usan estar armas en tiempos de disturbios y revueltas, en un periodo de tensiones que, normalmente, se caracterizan por elemento de guerra civil-interna.

Pero nada puede unirnos a nuestros opresores y explotadores. Ninguna frontera puede frenar nuestros sueños. Jamás una bandera estatal soberana podrá, ni remotamente, reflejar nuestras luchas. El mayor elemento unificador para nosotrxs, anarquistas/libertarixs, no solo en Grecia, sino en el mundo entero, es el hecho de que vivimos en el mismo contexto de penurias generalizadas, que las reconocemos y que las llamas de nuestra pasión por la libertad arden y arderán mientras vivamos; hasta que, individual y colectivamente, nos deshagamos de los hábitos, comportamientos y mentalidades impuestas durante tantos años, hasta que abolamos de una vez por todas al Estado y sus leyes, al Capital y sus estructuras. En nuestro camino, el germen patriótico es un obstáculo que se debe combatir sin cesar.

De este modo, cualquier escena de apoyo con “consignas” pegadizas y digeribles provoca el efecto contrario al que un levantamiento busca. Además, demuestra que daña al sentido de solidaridad entre lxs oprimidxs. No podemos seguir viendo cómo se convierte la solidaridad en un compasivo y desgastado mensaje de despertar nacional. La solidaridad es nuestra arma, y la defendemos a través de batallas constantes contra el Poder, tanto dentro como fuera de los muros de las prisiones.

No somos ni pro nacionalistas ni patriotas,
somos traidorxs de la nación que quieren extender la revuelta.

CONTRA TODAS LAS PATRIAS Y LOS ESTADOS

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